Nos encontramos a tan sólo un mes de la jornada electoral que puede marcar un cambio histórico en el recorrido de la Euskadi democrática. Las perspectivas electorales de los socialistas son positivas y creer hoy en un cambio de partido en el Gobierno Vasco es perfectamente realista y nada exagerado. Cambio, es la palabra mágica. ¿Pero qué es lo que tiene que cambiar exactamente? ¿En qué coordenadas tiene que funcionar este cambio?Echar un vistazo a la historia del Partido Socialista de Euskadi permite comprobar la existencia de dos estrategias distintas para la llegada al poder y de dos concepciones distintas de la labor a acometer una vez alcanzado. En el momento de su creación, en 1977, los socialistas vascos ocuparon posiciones cercanas al nacionalismo, comprensibles en un contexto preconstitucional que aún no había obligado a hacer honrosas renuncias a nadie. Constitución primero y Estatuto después configuraron la base del discurso y la guía de actuación del PSE a partir de 1979. Resuelta con esas necesarias renuncias la cuestión de la forma del Estado y del encaje de Euskadi en España, los socialistas, con Txiki Benegas a la cabeza, adoptaron, durante la primera mitad de los 80, una responsable y valiente actitud de defensa activa de los consensos básicos y del pluralismo de la sociedad vasca frente a un Gobierno Vasco radicalmente excluyente dirigido por el irresponsable Garaikoetxea. Los socialistas lo tenían claro: había que formar consensos básicos contra el terrorismo, aceptar la pluralidad de la sociedad vasca y centrar la acción política del Gobierno en la mejora de las condiciones de empleo, en el desarrollo de las enormes posibilidades que ofrecía el Estatuto en materia de servicios sociales, etc... Ese debía ser el 'campo natural' de juego de los socialistas, la oferta alternativa: la sustitución de la política que ponía en cuestión las bases por la política que, desde la plena aceptación de las mismas, se dedicaba a resolver los problemas reales de la sociedad.
A partir de 1988, con la llegada de Ramón Jáuregui a la secretaría general del PSE, el partido comenzó a desarrollar un nuevo concepto: el vasquismo. Se trataba de despegarse de la imagen de 'partido foráneo', de abrir el partido a la izquierda plural vasca aligerando la carga crítica contra el nacionalismo. Gracias a esta estrategia se produjo, en 1993, la absorción de Euskadiko Ezkerra. El vasquismo, que se pretendía aperturista y aglutinador, se reveló como una estrategia fallida en la búsqueda de nuevos apoyos electorales: el descenso del apoyo electoral a los socialistas fue constante a partir de 1991. Tras la llegada de Patxi López a la secretaría general el partido retomó la estrategia vasquista. Frente a las irresponsabilidades de Ibarretxe, y frente a la puesta en cuestión constante por los nacionalistas del marco jurídico y de las bases de la convivencia del País Vasco, principalmente a partir de 1998 en Estella, el PSE optó por asumir la necesidad de una renegociación del marco jurídico, de la elaboración de un nuevo Estatuto capaz de lograr un amplio consenso. Es así como en 2005 se dio a conocer el proyecto de nuevo Estatuto del PSE, que introducía el polémico término de 'comunidad nacional'. Olvidado este proyecto, lo cierto es que la idea de la necesidad de una renegociación del marco jurídico de Euskadi está aún hoy muy presente entre los dirigentes socialistas vascos. Decía Ramón Jáuregui el 25 de enero en un artículo en El Correo que "la reformulación del marco jurídico-político vasco" es una de las tres cuestiones principales a abordar por la política vasca próximamente. "El debate sobre nuestro marco político interno y sobre nuestra relación con España no ha dejado de atormentarnos. [...] ¿Qué cabe hacer ahora? Encontrar un nuevo consenso sobre nuestro marco estatuario, reformulándolo, adaptándolo a las nuevas realidades. [...] Una reformulación de nuestro Estatuto es un paso de confirmación de nuestro autogobierno que debiera comprometer a todo el arco parlamentario vasco y que quizás, si sonara la flauta de la racionalidad y de la democracia en el espacio del nacionalismo independentista, pudiera ser la oportunidad de su incorporación a la vida política vasca."
La cuestión que uno se plantea ante esta renuncia/asunción de los socialistas es: ¿hasta qué punto la discusión identitaria, Estatutaria, constitucional, se debe a una preocupación real de llos ciudadanos y hasta qué punto es una creación de los nacionalistas trasladada con empeño a la sociedad? La ciudadanía es independiente y vota en libertad en el sentido que desea. Pero la política existe como la hacen los políticos, y por lo tanto es en función de éstos que se configuran los debates y las prioridades, y desde los tiempos de la transición el nacionalismo ha centrado el debate en el cuestionamiento de las bases. Para algunos, entre los que me incluyo, el cambio de partido en el Gobierno Vasco tiene que tener implicaciones profundas al respecto. Porque los socialistas no deben entrar en ese juego. No sólo se trata de llegar al poder para dar un barniz 'de izquierdas' a la gestión, para sustituir unos altos cargos por otros y para sustituir unas redes clientelares maduras por otras nuevas. Se trata de cambiarlo todo en la política vasca. Se trata de centrar la acción política en los problemas que realmente afectan a la sociedad, empezando sin duda por el terrorismo y la 'enfermedad moral' que contagia. Se trata de llevar las coordenadas de la forma de hacer política a un lugar distinto, al lugar en el que los ciudadanos desean encontrar respuestas a sus problemas, que es además el lugar en el que los socialistas se han sentido más cómodos históricamente. Se trata de poner la agenda, los issues, patas arriba, de cambiar las prioridades. De resolver problemas y así hacer pedagogía: la política resuelve problemas, no los crea. Una satisfactoria trayectoria en este sentido obligaría a los nacionalistas a relativizar la importancia que sus proyectos tienen para la ciudadanía, que ha comenzado a demostrar estar muy por delante de sus representantes nacionalistas: así hay que entender que los ciudadanos, mayoritariamente, no hayan querido seguir al lehendakari en sus aventuras rupturistas e irresponsables. Sólo ellos harán cambiar al nacionalismo, no un nuevo debate Estatutario que supondría la continuidad de la misma dinámica y que, para los nacionalistas, y mientras las coordenadas de la política no cambien, siempre será insuficiente.
7 comentarios:
El principal problema del PSOE y, por extensión, del PSE, es que pasó de ser un partido fuera del sistema a integrarse en él, y al integrarse, cometió el mayúsculo error de entrar en la rueda de la "política moderna", que requiere de un marketing que se financia vía crédito, con las consabidas deudas impagables por parte de los partidos, que condonan los bancos, a cambio de ser los dueños de facto del poder ejecutivo.
Ello no supone una contradicción para un partido de derechas, que históricamente ha ido de la mano de los poderes oligárquicos, pero sí para un partido de izquierdas, al que se le presupone la defensa de los intereses del currito de a pie. Por eso, el partido socialista está condenado a reinventarse con esta crisis, o a abandonar su espacio en la izquierda en cuanto surja una alternativa medianamente pujante (que bien podría surgir de sus propias entrañas).
Bueno esto es como el huevo y la gallina. ¿Fueron los obreros los que dejaron de ser socialistas o fueron los socialistas los que dejaron de ser obreros? Seguramente sean ambas cosas al mismo tiempo.
Si los partidos no se financian con crédito, tendrán que hacerlo con dinero público, porque sino no hay manera.
Alberto, sí hay manera, basta con cambiar la concepción de lo que son los partidos ;-)
A lo que voy básicamente es a que no se puede responder al PNV con proyectos de reforma estatutaria: es entrar en su juego, es poco coherente con la historia del socialismo vasco y un craso error en un momento en el que la sociedad vasca parece dar la espalda a ese tipo de cuestiones (de hecho, esa podría ser la razón de la desmovilización de los nacionalistas y de la fuga de votos al PSE).
Los partidos ya se financian en gran medida con dinero público, y de una forma cada vez más transparente (la Ley de 2007 ha sido un paso importante). El problema es, en efecto, que existe una superestructura de marketing que cultiva las adhesiones acríticas y fabrica apariencias. Con una ciudadanía light como la española, esto funciona sobre ruedas. En Francia, en el país de la Ciudadanía, nos llevan ventaja.
Perdona por el off-topic, Borja, pero simplemente, me apetecía comentarlo ;-)
En efecto, comparto plenamente tu comentario en el sentido que apuntas; creo que entrar en ese juego de las reformas estatutarias es peligroso y susceptible de esconder "efecto boomerang". A mí tampoco me gusta.
Un saludo.
Yo, respecto a lo de la reforma, tampoco soy muy partidario. Después de lo del estatuto catalán no parece que sea un asunto fácil, porque puede desgastar bastante. Pero si se plantea habrá que estar atentos a qué se reforma y para qué se reforma. De todas formas tampoco creo que Patxi López haya incidido mucho en ello hasta el momento en la precampaña. Ya veremos.
Por supuesto que hay que cambiar la concepción de los partidos (puedes creerme que hay que cambiarla, te lo digo yo).
Tenéis razón con lo de la financiación, el problema es mayor a nivel local, donde os puedo asegurar los partidos son muy endebles sobretodo en zonas rurales. Eso ha producido corruptelas detestables, clientelismo y demás prácticas nocivas.
Temores confirmados nuevamente: Patxi Lopez nos promete "actualizar el Estatuto":
"El secretario general del PSE-EE y candidato a lehendakari por esta formación, Patxi López, se ha comprometido hoy a "actualizar" el Estatuto de Gernika "mediante el consenso" para "recuperar el pacto entre diferentes que supone ese compromiso estatutario"."
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